domingo, 11 de septiembre de 2011

Una curiosa bienvenida


Todo parecía ir perfectamente en la defensa de Carcomia, la principal ciudad habitada del planeta Carcomus; las fuerzas renegadas heréticas usaban armamento ligero; confiando mas en sus cuchillos y hachas intentaban alcanzar enloquecidos por las fuerzas del caos las trincheras imperiales con mas bien poco éxito, estos desgraciados insurgentes, habían echado raíces entre la población descontenta burguesa de las zonas de riqueza media-alta, ocultando sus oscuros ritos e intenciones tras supuestas organizaciones obreras pacificas, que se habían vuelto cada vez mas y mas extremistas, hasta que finalmente, tras planearlo a escondidas durante meses, lanzaron una revuelta que provoco la confusión que necesitaban para preparar su ataque y pillar a todas las fuerzas del sistema desprevenidas, pero ninguno de estos intentos daría sus frutos si Carcomia, la principal ciudad, su alto mando, sus sistemas de defensa planetaria, energéticos y militares no caían en manos heréticas... por suerte para los habitantes de aquella ciudad el general Hunt, había tomado rápidamente el mando de las defensas principales y había establecido un perímetro defensivo con gran eficacia y una velocidad espasmódica, aun siendo superados 100 a uno, los soldados de la guardia allí atrincherados, contaban con armamento y munición como para aguantar el suficiente tiempo, el tiempo que necesitaban hasta que la barcaza de batalla Azote del Impuro del capitulo de los templarios llegase a la órbita y las cañoneras thunderhawk descendiesen portando a los mejores guerreros de la humanidad, el Reclusiarca Mórtimus, había sido informado de que los ataques heréticos estaban dirigidos por un culto que había ido ganando poder en los últimos meses, y que planeaban usar el planeta y su población como sacrificio para crear una brecha disforme a través de la cual invocar pérfidos demonios...la primera thunderhawk no tardo en posarse sobre la pista de aterrizaje mas cercana a la primera línea de fuego, sus enormes puertas chirriaron y cayeron pesadamente sobre el suelo... La escuadra de exterminadores de asalto Mortis, liderada por el propio Reclusiarca Mórtimus salio pesadamente de forma majestuosa a la par que siniestra, la omnipotente figura de Mórtimus, embutido en su armadura de exterminador, con los ojos de su calavereo casco brillando en un fulgurante color carmesí, era mas que suficiente para devolver la fe a cualquier soldado del imperio, y descorazonar al mas desalmado traidor, el mismísimo Hunt, junto a su séquito personal le esperaba a pocos metros, los guardias de elite formaron dos filas a cada lado de la escuadra de Astartes y saludaron firmemente a los recién llegados, el general se acerco amistosamente sonriendo, era un tipo de complexión física grande con una nariz gruesa, barbilla marcada, cejas pobladas y unos ojos oscuros, sobre la cabeza, cubriendo un pelo que empezaba a pasar de marrón claro a gris llevaba una chaqueta propia de los generales de la guardia imperial y una coraza de ribetes dorados, una pistola bolter enfundada, y un sable de energía colgando de su cinto, Mórtimus se quito el casco en señal de respeto, y estrecho su acorazado guantelete con la ridículamente pequeña mano del general en comparación justo después de hacer el saludo del Áquila.

-¡El mismísimo Mórtimus en persona!  cuan afortunados somos de que haya decidido venir en nuestra ayuda, esta peliaguda situación es sin duda trabajo para los ángeles de la muerte del emperador
- Déjese de formalidades Hunt, agradezco esta cordial bienvenida, pero no vengo de visita, esto es una situación grave, sus hombres deberían estar al frente, y no aquí, recibiéndonos.
el general se mostró algo confuso ante la respuesta, vacilo un poco y añadió
- Por supuesto Reclusiarca, en que estaría pensando... ¡Hombres a sus puestos!
la escuadra de soldados formo rápidamente y con extrema rapidez y se dirigió al frente a apoyar en los búnkeres principales, Hunt los observo alejarse
- ¿No debería unirse a ellos general?
El general levantó una ceja.
- ¿Duda acaso de mi valía Reclusiarca?
El marine y Hunt se observaron fijamente durante unos segundos, la fría e impasible mirada del Reclusiarca se mantuvo inamovible, Hunt lo miro fijamente, con los ojos llenos de orgullo
- no soy ninguno de esos lloricas que se esconde en un agujero de ratas a dar ordenes mientras sus soldados mueren, excusándose en que son "demasiado valiosos" para estar en el frente, lo verdaderamente valioso es aquello que debemos colocar en el frente, para demostrar a nuestros enemigos nuestro coraje y grandeza, y es algo que enseño a todos y cada uno de mis soldados, y créame cuando digo que están orgullosos de luchar junto a mi.
el enorme marine lo miro unos segundos mas, como buscando algún atisbo de duda, luego sonrió.
-eso era justamente lo que quería.....